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Lejos del tabú, más cerca de la canasta familiar

Con el proceso de construcción de la doble calzada Santa Marta – Ciénaga, los samarios tienen un interrogante en común, ¿para dónde vamos a coger, se van o se quedan los moteles de La Troncal?

“Aquí estamos y aquí nos quedamos”, responden los administradores de Malibú, La Hacienda y La Cascada.

Agregando que hasta hace una semana en la conocida ‘Vía Láctea’, este último fue inaugurado, y así mismo se restaura otro, lo que indica que esta actividad se prolongará por mucho más tiempo.

Y en el caso de que le preocupe el desalojo de los robustos arbustos de La Hacienda, y crea que este establecimiento desapareció, no es así, La Hacienda no ha cerrado sus puertas.

“¡Los moteles dejaron de ser tabú para ser parte de la canasta familiar!”

Así lo aseguran los administradores de moteles con más visitas en Santa Marta, quienes consideran que dentro de la canasta familiar de cada hogar, está estipulado la asistencia como mínimo una vez por mes a estos establecimientos del ‘amor’.

“Los juguetes sexuales y decoraciones no dejan de ser pedidas. Tanto esposos y esposas buscan revivir la llama del amor con un poco de erotismo. Aquí todo se confabula para despertar lo que sea”, indicó.

Contrario a lo que muchos creen, de que los moteles son solo para los amantes, en estos establecimientos los matrimonios también expresan su esencia sexual, esa que en la casa desaparece porque hay hijos de por medio, sin embargo, no hay que desconocer que, en Santa Marta, de cada 100 parejas que en un día visitan un motel 60 son ‘canitas al aire’.

Los moteles son legales, llegaron al sector de la Troncal del Caribe a inicios de los noventa, y desde entonces hasta hoy, existen alrededor de 250 habitaciones repartidas en 4 moteles.

“Ni lejos ni cerca del casco urbano”, es la opinión de los samarios con respecto a su ubicación, lo que consideran un plus que no permite que este mercado desaparezca.

Desde el sector de las Acacias hasta el corregimiento de Gaira, (costado derecho de la vía) cuatro albergues compiten por el amor.

Para todos hay

Los hay de todos los perfiles, costos y gustos. A La Cascada llega el que tiene afán, a El Paraíso el que no vio al primero, a Malibú el que no quiere que lo pillen y a La Hacienda el que tiene más plata.

Llegar al motel tenía sus mañas, en la época de los noventas pocos tenían carro, era entonces cuando el taxi llevaba la batuta.

Y son los profesionales del volante quienes tienen innumerables historias por contar.

“Yo soy pensionado de Ferrocarriles, me dediqué después de jubilarme a manejar taxi en horas de la noche, más que una necesidad lo hacía para distraerme.  En esa actividad fui testigo de la cantidad de parejitas clandestinas necesitadas de moteles, era un misterio bárbaro, y como Santa Marta en los años 90 era aún más pequeña, todos se conocían, no era raro encontrarse a la chica del barrio yendo a estos sitios en compañía de su pareja no oficial”, dijo Rafael Cuello.

Sin embargo, dejó claro que siempre guardó el secreto, “no me quedaba bien ponerme a divulgar lo que hacen o dejan de hacer los demás. Lo que sí sé es que fueron varias mujeres que hoy las veo felizmente entregadas al hogar.

Hoy las cosas han cambiado, cada día son más los que tienen carro y como un plus apareció la moto, estos medios de transporte han disminuido que el taxista se las pille todas.

“Cuando nosotros abrimos éramos el único motel de esta zona, yo recuerdo cuando las mujeres llegaban agachadas e incluso con bolsas en la cabeza; la historia nos cuenta que la mujer siempre ha sido tímida de entrar a un motel, sin embargo, con el pasar de los años las cosas han cambiado, hoy son muchas las damas que llegan incluso manejando y son quienes piden qué tipo de habitación desean”, dijo Plutarco Hernández, administrador de La Hacienda.

Los desaparecidos ‘antros del pecado’ se han convertido en lujosas habitaciones que nada le envidian a un hotel cinco estrellas. Atrás han quedado las luces led, los colchones de agua y los quebrados vidrios pegados en la pared.

Hoy los moteles no se bajan de una confortable cama en forma de corazón o diamante, el aire acondicionado es una necesidad, no pueden faltar el baño turco y el jacuzzi, y ni decir de la famosa silla del amor, la cual es el único accesorio que descarta uno foto de selfie dentro de la habitación.

“¡El samario es líchigo!”

La idea de implementar las piezas a bajo costo y especiales para motos, se han convertido en el bomm motelero. Sin embargo, las suite presidenciales, ejecutivas y doradas también tienen un público establecido. Como lo quieran ver, de la forma en que lo disfruten y el gasto que le inviertan, todas son una salida de la cotidianidad.

Por otra parte, comparando a la capital del Magdalena con otras ciudades del Caribe, esta se queda atrás en número de establecimientos de esta índole, y aunque digamos que la población de la ciudad es menor al compararla con otras urbes, las estadísticas apuntan que el potencial motelero de Santa Marta no alcanza el 10 % de Barranquilla y el 30 % de Cartagena. En Santa Marta hay más residencias que moteles.

Mitos y verdades del motel

¿El día más movido es el día de amor y amistad? Sí.

¿Carnavales es buena temporada? Falso.

¿En el día de la secretaria todos los caminos conducen a la Troncal? Sí.

¿El día del padre es una de las fechas más desolada? Sí.

¿Enero vende más que diciembre? Sí.

Por donde se mire, el sexo es una necesidad del hombre.

A tener en cuenta

La piedra en el zapato de los moteles, siguen siendo los menores de edad. Se conoció que durante la semana son reiterativos los episodios en donde se ven obligados a no dejar entrar a niñas entre los 15 y 17 años de edad.

“Nuestras cámaras externas, han detectado que son muchas niñas que vistiendo uniformes de colegio llegan a los moteles, lo más sorprendente, es que en su mayoría son acompañadas por los mismos profesores de clase”, afirmó la administración de uno de los moteles en el área.

El mensaje a la comunidad menor de edad es que por ley en estos establecimientos de actividad sexual, la Policía de infancia y adolescencia le exige la instalación de cámaras estratégicas que permitan identificar el ingreso de esta comunidad, esto no quiere decir, que en los moteles de la Troncal se espíe a las personas.

“Aquí prioriza lo más que se pueda la política de privacidad, tratamos en lo posible de nunca verle la cara a los huéspedes pasajeros, sin embargo, en el exterior de los corredores podemos identificar si llegan menores de edad con o sin uniformes.

Si vive en Santa Marta y un sábado por la noche, o cualquier día de la semana le dicen vamos pa´ la Troncal, su instinto animal relaciona esa propuesta con la actividad sexual.

 

 

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