Arthur había librado una larga batalla legal con la que había eludido la inyección letal desde el 2001, después de haber sido condenado a muerte por asesinar el primero de febrero de 1982 a Troy Wicker, el marido de su entonces amante, Judy, a cambio de 10.000 dólares, un crimen del que siempre se declaró inocente.

En el momento del asesinato de Wicker, Arthur cumplía una condena de cadena perpetua por matar en 1977 a su cuñada de un disparo en el ojo, pero participaba en un programa de reinserción laboral para presos. Fue durante su participación en el programa cuando empezó el romance con Judy.

El día que mataron a Wicker, Judy dijo a la policía que un afroamericano había irrumpido en su casa de Muscle Shoals, había asesinado a su marido y la había violado a ella.

Las autoridades, sin embargo, no creyeron esa versión y la acusaron de contratar a Arthur para cometer el crimen con el objetivo de cobrar el seguro de vida de su marido.

Ella fue condenada a cadena perpetua, aunque salió en libertad tras cumplir diez años de cárcel por implicar a Arthur, que a su vez ya estaba condenado a muerte.

En 1986, Arthur se fugó de la cárcel tras disparar a un guardia —que sobrevivió— en el cuello y escapó a Tennessee, donde fue detenido semanas después por robar un banco y extraditado a Alabama.

Alabama había tratado de ejecutarlo en 2001, 2003, 2007, 2008, 2012, 2014 y 2016, pero logró dilatar el fatal desenlace con múltiples recursos.

Sus abogados también habían presentado, este jueves, varios recursos ante el Tribunal Supremo, pero luego de horas de deliberación la mayoría de magistrados dieron luz verde a la ejecución.

Arthur fue el duodécimo preso ejecutado este año en EE.UU. y el número 1.454 desde que el Tribunal Supremo reinstauró hace cuatro décadas la pena de muerte.

Alabama ha matado a 59 de estos presos y el 8 de junio planea ejecutar a otro, el afroamericano Robert Melson, por asesinar a tres trabajadores de un restaurante de comida rápida durante un atraco en 1994.

EFE