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El Callejero Impreso

“Me declaro culpable”

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Anuar De la cruz Medrano

Marian es una chica transexual de 24 años, con 1.75 de estatura, de piel trigueña, cabello largo y liso, por debajo de la cintura; un cuerpo femenino perfectamente moldeado con biopolímeros y senos talla 34, prótesis que le fue posible implantarse debido a la crisis por la cual atraviesa Venezuela, como dice ella, “todo está barato”.

Una noche de sábado, hace menos de cinco meses y luego de una borrachera, decidió atravesar la frontera de Paraguachón y llegar a Colombia, acompañada de tres amigas, movidas por la crisis que actualmente vive Venezuela, según ellas, en este país habría un futuro mejor. Cuentan, que varias amigas que ya estaban radicadas aquí les habían informado por Facebook, que “esta es una buena plaza”.

Una vez entró al territorio colombiano, junto a sus compañeras de viaje decidió instalarse en Santa Marta, su perfil turístico era perfecto para ejercer su profesión de estilista. Encontrándose con la realidad, que en esta pequeña ciudad ya no hay espacio para otro estilista más, porque sus compatriotas venezolanos ejercen este oficio en andenes, parques, calles principales y hasta debajo de los árboles.

Motivada por la decepción y la desesperación de no tener donde vivir y luego de pasar varias noches en una fría banca en El Camellón de la Bahía, Marian descubrió que la prostitución era rentable y que requería del mínimo esfuerzo o dicho en sus propias palabras, “que le paguen por lo que disfrutan”.

Desde entonces, esta chica transexual empezó a ejercer la prostitución como forma de vida en las calles del Centro Histórico. Pero el atenuante de esta situación es que Marian es VIH positivo y desde que llegó de Venezuela no toma sus medicamentos, porque los que traía consigo se le terminaron los primeros quince días de estar aquí, sumado a ello, en su país tomaba retrovirales con lote vencido, porque según su médico, no tenían más y esos también le servían.

En su actual ejercicio de prostitución, Marian confiesa con voz entrecortada, entre aguda y grave, “si el cliente tiene el condón nosotras lo usamos, aunque a la mayoría no le gusta usarlo, porque dicen que no sienten nada y bueno, suspira, esos clientes pagan el doble o triple por dejarnos penetrar sin preservativo y una necesitando la ‘platica’. Así es que imagínese, cuando el hombre me dice que no quiere cuidarse pues para mí, mejor, porque a ese cliente yo le saco el triple”.

Una vez el cliente seducido por sus encantos solo quiere acostarse con ella y si él no tiene consigo un preservativo, Marian simplemente dice que no puede haber penetración, pero él cegado por él éxtasis y la pasión empieza a ofrecer más dinero de lo pactado inicialmente, con tal de que lo deje penetrarla y satisfacer su necesidad. Oportunidad que ella aprovecha y en un coqueteo íntimo ‘accede’ por la cantidad de plata nada despreciable de ese cliente.

“Con un solo cliente que una se haga que no quiera usar condón, ya con ese tiene lo de dos o tres clientes, si una quiere, no sigue trabajando, porque con eso puede pagar la pieza y la comida. Los fines de semana es cuando mejor nos va, todos esos hombres salen de esas discotecas a buscarnos y esos días hasta las más feas y sin operar, comen”, expresa Marian.

De acuerdo con lo anterior, según datos suministrados por las Eapb, las IPS de atención a pacientes con VIH/SIDA y el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública -Sivigila- en el distrito de Santa Marta, a octubre del año en curso, se tiene conocimiento de un aproximado de 1.462 personas diagnosticadas con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y Síndrome de Inmunodeficiencia en comparación con el 2017 (1.297 casos). Hay un aumento del 5 % en las personas con diagnóstico de VIH y que reciben atención integral.

Del total de usuarios diagnosticados en el Distrito, el 64 % pertenece al género masculino (939 casos); el 34 % son del género femenino (502 casos); y la menor proporción se evidencia en las personas Trans con el 1.4 % (21 casos). Se evidencia que en la adultez se presenta la mayor proporción de los usuarios diagnosticados en el Distrito con 1.064 casos en seguimiento, aparte de las personas cursando su ciclo de vida en la juventud con 213 casos.

De acuerdo con esta última cifra, la teoría de Marian recobra vida, los hombres de la ciudad son quienes mayor portan el virus del VIH, es decir, se hace necesario concienciar sobre la necesidad de protegerse del VIH.

El 52 % (767) de los pacientes diagnosticados pertenecen al Régimen Subsidiado, seguido del 42 % (616) del Régimen Contributivo; la menor proporción la presenta el Régimen de Excepción y Especial con el 5.4 % (79) del total.

CONCIENCIA PARA CONTAGIAR

Lo que Marian desconoce son las leyes que rigen este país y al ser Colombia un Estado donde no hay una ley más que inventar, también existe una que pone a esta chica extranjera en riesgo de ir a la cárcel. Las razones de propagación de VIH son muchas, dentro de las que se encuentran: relaciones sexuales sin protección, agujas hipodérmicas infectadas usadas por personas sanas, entre otras. La causa de mayor transmisión y la utilizada por la protagonista de esta historia, es el silencio de algunas personas contagiadas, que no informan de su estado a sus parejas sexuales.

Esta última situación configura un delito. Según el fiscal 12 de la Unidad de Reacción Inmediata (URI), Alfredo Uscátegui, el artículo 370 del Código Penal, que habla sobre la propagación del virus de Inmunodeficiencia Humana o la hepatitis B: “El que después de haber sido informado de estar infectado por el virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) o de la hepatitis B, realice prácticas mediante las cuales pueda contaminar a otra persona o done sangre, semen, órganos o en general componentes anatómicos, incurrirá en prisión de seis (6) a doce (12) años”.

La población inmigrante no tiene garantías para el cuidado de este virus en la ciudad, si bien hay un censo que permite identificar a la población inmigrante, venezolana específicamente, y la entrega de un carné que le da derecho a la salud, este solo le sirve para tener atención de emergencia y tratar enfermedades generales, pero quienes portan enfermedades como el VIH continúan sin ninguna atención y sin tratamientos que ayuden a mitigar el riesgo de muerte. Por tanto, se declaran culpables.