El Callejero Impreso
Madres diferentes
La sociedad y su historia, injustamente, han señalado a la mujer como el sexo débil y si son madres, son limitadas a la cocina y al lavadero. Pero, ¿qué hay de aquellas féminas a quienes por circunstancias de la vida les tocó asumir las riendas de su familia, porque el marido se fue, falleció o simplemente porque se necesita de su trabajo, porque son más los gastos de la casa que el dinero que entra?
Por: Gennys Álvarez Navarro
Las madres tienen una misma historia de sacrificio, entrega, dedicación por sus hijos, todas ellas comparten un mismo sentir, pero, dentro de ese gran número de iguales hay otras cualidades que son dignas de admirar.
Yina Batista Ospino vive en Brisas de Villa Concha, tiene 38 años y es madre de 4 niñas. Es ama de casa común y corriente. Hay momentos del día en que se debe poner el traje de mototaxista, ya que se ha convertido en el transporte escolar de algunos vecinos que confían en ella para que traslade a sus hijos al colegio. Su único sueño es que su trabajo contribuya a que sus hijas salgan adelante.
“Soy una mujer que hace mototaxi, nací en El Difícil, Magdalena, crecí comiendo yuca y suero, viví en el campo, era muy feliz. Me vine a la ciudad cuando era muy joven a la casa de un familiar, pero nunca pensé que estar lejos de los viejos iba a ser tan duro. Aquí terminé mis estudios. Me casé muy joven. Hoy tengo 4 niñas. He tenido muchos tropezones, pero soy una mujer feliz”.
Su jornada es dura y debe combinarla con los oficios de la casa y su ‘mototaxismo escolar’, lo hace por el bienestar de su familia. “Mi día comienza a las 04:30 a.m. para tenerle todo listo a mis hijas y a mi esposo. A las 06:00 a.m. comienzo con mi trabajo, transportar a los niños al colegio. Apenas acabo, debo regresar a la casa a preparar almuerzo; por la tarde otra vez, llevar y traer niños. No me da vergüenza ser lo que soy, con esto saco mi familia adelante, porque lo que gana mi esposo no alcanza para todo”, sostiene Yina.
En otro extremo de la ciudad, en los cerros de San Fernando vive Carmen Rosa Maturana, de 57 años, tiene 7 hijos, es proveniente de Bagadó, Chocó. “Mi esposo se vino para Santa Marta a aventurar, buscando un futuro para los muchachitos. Siempre se esforzaba por darle lo mejor a sus hijos, yo lo acompañaba dedicándome al último de ellos, Down”.
Carmen ha acompañado a sus hijos con buenos consejos y enseñanzas. Le tocó asumir las riendas de su familia hace 3 años cuando su esposo falleció, para ella fue lo más difícil, pero hoy siente que la tarea la ha hecho bien. “Siento que me faltó ayudar más a mis hijos, en especial, a una de las niñas. Nunca tuvieron lujos, pero un plato de comida nunca les ha faltado. Mis hijos fueron muy dados al estudio, excepto uno, que ingresó al Ejército. Unos son egresados del Sena; otros de la Unimag. Mi esfuerzo hoy es por el niño pequeño”.
En un mensaje final, ambas madres coinciden en que la maternidad no es fácil, pero a pesar de todo, las madres deben estar siempre para sus hijos, ya que esa es su misión sobre la tierra. Madre no hay más que una, pero cada cual tiene la suya. Y en este mundo salpicado de desigualdades, la maternidad también constituye una de ellas.
La mayoría de las madres modernas ha tenido que compaginar el trabajo con su vida personal. Algunas de ellas, además, han tenido que hacer esto solas, sin ayuda.

