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Así suena la canción más triste de Colombia

“Quien no llore con esta canción, no tiene alma”, comentaba el programador Fernando Sarmiento, que Dios lo tenga en el cielo y programador radial por más de 20 años de Radio Recuerdos.

Por Guillermo Romero Salamanca

Consultados bohemios, llorones de cantina, letristas, gente de radio y más de un sentimental, sostienen que “Viejo juguete”, escrita y cantada por Luis Ángel Saldarriaga Ramírez, conocido como “El caballero gaucho” gana de lejos el duro título de “La canción más triste de Colombia”.

El expresidente César Gaviria Trujillo, fanático de “El caballero gaucho” le pedía una y otra vez que la interpretara cuando lo veía en sus presentaciones y nunca le faltó un sollozo al sentir sus notas.

El Caballero Gaucho fue el patriarca de la música popular. Pasarán muchos años antes de caer del trono. Habrá infinidad de cantantes con unos pocos éxitos, porque la huella que marcó es imborrable. Tanto Darío Gómez como Luis Alberto Posada –de los precursores de los temas del despecho—lo han considerado como el genio para escribir letras que llegan con historias llenas de pasión y melancolía.

Marcó un estilo muy particular para interpretar tangos que los aprendió de sus padres. Él nació en Pereira el 10 de junio de 1916 y marchó al cielo el 9 de agosto del 2013 en La Virginia, Risaralda, donde residía.

Cuentan que, en una oportunidad, cuando comenzaba su carrera, fue a cantar a “Pregones del Quindío”, una emisora de Armenia y los locutores le recomendaron que se dedicara más bien a recoger café. Pero como era corajudo, volvió a su casa, le sacó las mejores notas a un viejo y destartalado tiple y unos meses después retornó a la estación y ganó el concurso. Le dieron como premio dos camisas, unos jabones y un pantalón.

Quizá su tema más conocido sea “Viejo farol”, pero le siguen otros como “Regalo divino”, “Perdón por amor” y desde luego “Viejo juguete”.

MARIO RINCÓN NO LA QUERÍA GRABAR

El talentoso grabador de Discos Fuentes cuenta que él no quiso grabar la canción e incluso fue grosero con “El Caballero gaucho”.

“Un día llegó a la grabación. Le dije, ensayemos primero. Los músicos comenzaron a tocar y a los pocos segundos el maestro empieza a entonar con su estilo particular: “Cómprame mamita siquiera un juguete/ le decía el purrete gimiendo a mamá/ Ya lo ves no tengo siquiera ni un juego/qué ganas que siento de echarme a llorar…”

“Hasta ahí me parecía normal, pero cuando sigue la historia, comencé a ponerme nervioso: “Pero un día cualquiera desde una terraza/ el hijo de un rico a la calle arrojó/ un juguete viejo que no le importaba/ y el niñito pobre, hasta aquel corrió” …

“Ahí me llevó a quedarme clavado en ese drama. Y el cantante de tangos seguía entonando: “Un grito de muerte se escuchó en la calle/ y el freno estridente de un carro se oyó/ era el muchachito casi agonizante/ que por un jueguito su vida perdió…”.

“En ese instante me levanté de la silla sudoroso y asustado. Le grité: ¡No, hombre, no jodás Caballero, eso es muy cruel, muy triste, yo no le grabo eso! ¡Qué tema tan dramático!”

“Entonces, antes de salir del estudio le manifesté: este trabajo que lo haga otro, yo no”.

Mario salió presuroso y en la primera cantina que encontró en su camino, pidió dos aguardientes y se los libó en segundos, mientras seguía pensando en la canción.

Pasaron varios días y los siguientes impresores musicales no dieron con lo que se pretendía con el tema, llamaron a Mario de nuevo, quien, entristecido, metió el alma y el corazón a la canción.

Mario, quien acaba de llegar feliz a sus 81 años de existencia, lo cataloga como el más triste que le haya tocado grabar en más de 65 años de vida profesional, exitosa, por cierto, con más de 300 hits de la música tropical colombiana con Discos Fuentes.

Yamile Martínez, una seguidora de El Caballero Gaucho sostiene que es la canción más desgarradora que haya escuchado, qué crueldad.

Jhon Ramírez recuerda: “mi mamá me la cantaba y yo me ponía a llorar”.

Cuando está de vacaciones, el empresario Raúl Campos escucha este tango varias veces: “Es una forma de agradecerle a Dios, que nos ha dado todo, porque hay miles de personas que no han gozado siquiera con un juguete. Aún no me he podido aprender la letra porque las lágrimas no me lo permiten”.

Marcos Gil, un conocedor de mil y una cantinas del eje cafetero, sostiene que ha visto a decenas de pispos gemir escuchando “El viejo juguete”. “Es muy triste, muy triste, la verdad”, comenta y se sacude los ojos.

EL VIEJO JUGUETE

Autor: Luis Ángel Saldarriaga Ramírez

Cómprame mamita siquiera un juguete
Le decía el purrete gimiendo a mamá
Ya lo ves no tengo siquiera ni un juego
Qué ganas que tengo de echarme a llorar.
Pero un día cualquiera desde una terraza
El hijo de un rico a la calle arrojó
Un juguete viejo que no le importaba
Y el niñito pobre, hasta aquel corrió.
Un grito de muerte se escuchó en la calle
Y el freno estridente de un carro se oyó
Era el muchachito casi agonizante
Que por un jueguito su vida perdió.
Adiós madre mía, me voy para el cielo

donde mil juguetes muy lindos tendré
Carritos y aviones y un patito Donald
Y allá con el niño Dios jugaré.

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