Magdalena
Olvidados en El Banco: así sobrevive El Cerrito
En el corregimiento de El Cerrito, ubicado en el municipio de El Banco, Magdalena, las problemáticas sociales y de servicios públicos llevan décadas sin solución. A pesar del paso de múltiples administraciones municipales, las necesidades básicas de sus habitantes siguen sin ser atendidas, como si el tiempo se hubiera detenido para esta comunidad ribereña.
Una de las situaciones más críticas es el acceso al gas domiciliario. Aunque las redes principales pasan por el municipio, en El Cerrito no hay conexión, lo que obliga a las familias a comprar pimpinas de gas por un valor cercano a los $100.000, un costo elevado para un pueblo cuya economía depende, casi en su totalidad, de la pesca artesanal.
“Somos un pueblo olvidado”, relatan sus moradores. Denuncian que aspirantes a la administraciòn municipal solo llegan en época de campaña, cargados de promesas que nunca se cumplen. Una vez terminadas las elecciones, El Cerrito vuelve a desaparecer del mapa institucional.
El Callejero visitó esta zona del municipio y constató la realidad de un pueblo de pescadores, donde este oficio ancestral sigue siendo la principal y muchas veces única, fuente de supervivencia.
La situación recuerda a Macondo, el pueblo imaginado por el nobel de literatura Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Allí, como en muchos pueblos del Magdalena, la pobreza no se dramatiza: se vuelve costumbre. Se normaliza hasta hacerse invisible. La falta de oportunidades se hereda de generación en generación, condenando a las comunidades a vivir siempre en el pasado, a contracorriente de la época actual.
VIVIENDO EN EL PASADO
En El Cerrito no existe un sistema de acueducto ni alcantarillado. Las calles permanecen empolvadas durante el verano y, cuando llegan las lluvias, se convierten en lodazales que inundan las viviendas, agravando los riesgos sanitarios. El agua no tiene por dónde salir.
Ante la ausencia del Estado, los habitantes recurren a métodos tradicionales: almacenan y purifican el agua en tinajas, una práctica antigua que ayuda a mantenerla fresca en medio del intenso calor, pero que evidencia el abandono estructural en el que viven.
Los dolientes son muchos, pero el cansancio también. Años de peticiones y llamados a las autoridades han desgastado a una comunidad que aún resiste, aunque con fuerzas cada vez más limitadas.
“Le pedimos al alcalde que no nos olvide, que nos ayude con el arreglo de las vías y el alcantarillado, que el agua tenga por dónde salir. Es lo único que pedimos”, expresa uno de los habitantes, que solicito no colocar su nombre.
El Cerrito no pide milagros ni promesas de campaña. Pide dignidad, servicios básicos y presencia real de las autoridades. Para esta comunidad, la pregunta que queda en el aire es clara:
¿Hasta cuándo seguirá siendo un Macondo real, olvidado y condenado a repetir su historia?

