METRÓPOLIS
Taganga, una semana entre la basura
Habitantes y comerciantes denuncian que los residuos permanecen acumulados en distintos puntos del corregimiento. La emergencia contrasta con los recientes anuncios sobre el fortalecimiento de la operación de aseo en Santa Marta.
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Taganga lleva aproximadamente una semana esperando que pase el vehículo recolector de basura. Las bolsas se acumulan, los animales rompen los empaques y los residuos terminan regados en las calles de uno de los principales destinos turísticos de Santa Marta.
La denuncia fue formulada por habitantes y comerciantes, quienes aseguran que la recolección dejó de realizarse con la frecuencia habitual. La situación afecta la movilidad, genera malos olores y aumenta el riesgo sanitario en una población donde la actividad económica depende, en buena medida, del turismo, los restaurantes, los hostales y los servicios de buceo.
El problema no es únicamente estético. Los residuos expuestos pueden atraer roedores, insectos y animales callejeros, mientras los líquidos derivados de su descomposición terminan sobre el pavimento o son arrastrados hacia la bahía cuando llueve.
La demora también contradice los anuncios recientes sobre el fortalecimiento de la operación de aseo con nuevos vehículos compactadores. Una cosa es mostrar los camiones y otra lograr que recorran puntualmente los barrios y corregimientos. La basura no se recoge con fotografías institucionales.
Taganga requiere, además, una operación diferenciada. Sus calles estrechas, la congestión vehicular y el alto movimiento de visitantes obligan a programar rutas, horarios y vehículos adecuados para evitar que los residuos permanezcan durante días en el espacio público.
La empresa Atesa debe explicar qué ocurrió con la ruta asignada al corregimiento, cuándo se realizó la última recolección completa y qué contingencia aplicará para retirar los desechos acumulados. El Distrito también debe establecer si hubo incumplimiento en la frecuencia pactada y qué seguimiento está realizando.
Santa Marta pretende mostrarse como una ciudad turística de talla internacional, pero todavía permite que Taganga reciba a sus visitantes entre bolsas, malos olores y montañas de desperdicios. Antes de vender la postal, toca recoger la basura.

