TERRITORIO
Vendavales en Zona Bananera dejan familias damnificadas y un sector bananero al límite
Dos vendavales en menos de dos semanas golpearon a Zona Bananera, dejando familias damnificadas, viviendas destechadas y cultivos arrasados. ASBAMA estima en 1.500 las hectáreas de banano afectadas y advierte sobre el impacto en el empleo y las exportaciones, mientras la Alcaldía evalúa declarar la calamidad pública y pide apoyo urgente al Gobierno Nacional.
Por: Arnol Sarmiento
El municipio de Zona Bananera, en el departamento del Magdalena, amaneció este jueves con el peso de una doble tragedia. Los corregimientos de Orihueca y Guacamayal quedaron marcados por el paso de un vendaval que, en la noche del miércoles 12 de agosto, destruyó techos, derribó árboles, dejó sin luz a comunidades enteras y arrasó con cultivos de banano que son el sustento de cientos de familias. No es el primero: hace menos de dos semanas, otro vendaval golpeó la misma zona, y la acumulación de daños empieza a superar la capacidad de respuesta local.
Familias que lo perdieron todo
El rostro más doloroso de la emergencia no está en las cifras del gremio ni en los informes institucionales. Está en los hogares de Orihueca y Guacamayal, donde decenas de familias amanecieron sin techo, sin enseres y sin certeza sobre lo que viene.
Los vientos arrancaron techos de viviendas humildes, derribaron árboles sobre casas y dejaron sin energía eléctrica a comunidades que aún esperan que les restablezcan el servicio. Familias enteras perdieron en minutos lo que habían construido durante años: electrodomésticos, muebles y ropa. Para muchas de ellas, que dependen directamente del jornal bananero, la pérdida del hogar se suma a la incertidumbre de no saber si habrá trabajo en los próximos meses.
El censo de familias damnificadas, viviendas afectadas y extensión de los daños está siendo levantado por las autoridades municipales, y sus resultados serán determinantes para definir el tipo y la magnitud de la ayuda que recibirán estas comunidades.
El municipio activa su protocolo de emergencia
El secretario de Gobierno de Zona Bananera, Robinson Morelo, confirmó la gravedad de lo ocurrido y la activación inmediata de un Puesto de Mando Unificado (PMU) para coordinar la respuesta institucional.
“Se presentó un vendaval que afectó viviendas y plantas en los corregimientos de Orihueca y Guacamayal, afectando también el sistema eléctrico”, señaló el funcionario. En las labores de atención participan la Policía, la Defensa Civil, los Bomberos y las autoridades de salud, quienes trabajan en el despeje de vías, la atención a familias y la evaluación de los daños estructurales en las viviendas.
Los resultados del censo serán reportados a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y a la Gobernación del Magdalena para definir las ayudas correspondientes. La administración municipal analiza declarar la calamidad pública o el estado de emergencia.
“Hay que tomar medidas, mirar la posibilidad de dar la calamidad pública o la emergencia, de acuerdo con lo que determine el PMU”, explicó Morelo.
ASBAMA revela la magnitud real del desastre en los cultivos
Mientras las familias recogen los escombros de sus hogares, el sector bananero enfrenta su propia dimensión de la crisis. El presidente ejecutivo de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (ASBAMA), José Francisco Zúñiga Cotes, reveló cifras que superan con creces las estimaciones iniciales.
“En este momento estamos calculando que más o menos 1.500 hectáreas de banano están siendo afectadas. Tenemos cerca de 250 pequeños productores que fueron seriamente afectados por el evento del viento que tuvimos el viernes de la semana pasada”, afirmó el dirigente gremial.
Los vendavales no llegaron solos. Hace aproximadamente dos meses, otro evento climático ya había afectado entre 500 y 1.000 hectáreas adicionales, y la revaluación del peso, con el dólar rondando los $3.100, genera pérdidas estimadas de entre $5 y $10 millones por hectárea al año.
“Entramos en un círculo vicioso: menos recursos significa menos inversión, menos ciclos de fertilización y, por consiguiente, menos productividad”, advirtió Zúñiga Cotes, quien graficó la acumulación de golpes con una frase contundente: “La revaluación del peso cayó como la granizada histórica que también cayó por estos días”.
El impacto sobre el empleo es igualmente alarmante. ASBAMA calcula que entre 1.000 y 1.500 contratos laborales podrían quedar suspendidos, todos correspondientes a empleo formal con nómina, salud y pensión.
“Si estamos hablando de 1.500 personas y la gran mayoría son cabeza de hogar, son 1.500 familias que podrían verse afectadas ante esta situación”, señaló Zúñiga Cotes.
En cuanto a las exportaciones, las 1.500 hectáreas afectadas representan aproximadamente 1.500 contenedores menos de banano al año, un golpe directo a uno de los principales renglones de la economía magdalenense.
“Los resultados al final del año no van a ser prometedores como los hemos tenido en años pasados, pero tendremos que trabajar para reactivar todo esto”, reconoció el dirigente.
Ante la gravedad del panorama, ASBAMA ya entabló comunicaciones con el ministro de Agricultura y el viceministro del sector, solicitando la apertura urgente de una mesa de trabajo para gestionar recursos destinados a la recuperación de las fincas, especialmente las de los pequeños productores.
El reclamo central es la reactivación del subsidio a la prima del seguro agropecuario, programa desmontado por administraciones anteriores.
“Lastimosamente, ante todos los llamados que hicimos, nunca se materializó. Se acabó un gobierno que le dio la espalda al banano y al sector agro”, afirmó Zúñiga Cotes, quien expresó confianza en una mejor respuesta del actual gobierno.
El dirigente también alertó sobre los reportes de extorsiones, chantajes y bloqueos de cultivos por parte de grupos ilegales que siguen operando en la zona, y pidió al nuevo ministro de Defensa una línea directa de atención para el sector.
Una emergencia que el territorio ya conocía
Holmes Echeverría, excongresista del Magdalena, oriundo de Zona Bananera y esposo de la alcaldesa del municipio, aseguró que los vendavales vienen castigando al municipio desde hace aproximadamente dos semanas y que el impacto sobre los pequeños productores y las comunidades ha sido devastador.
“Muchos pequeños productores tienen sus fincas totalmente arrasadas por los fuertes vientos”, afirmó Echeverría, quien también reportó el fenómeno inusual de lluvias acompañadas de granizo, algo prácticamente desconocido en esta región y que ocasionó daños adicionales en techos y cultivos.
Su vínculo directo con la administración municipal y su conocimiento del territorio le permiten dimensionar una crisis que, advirtió, desborda la capacidad de respuesta local y exige una intervención urgente del Gobierno Nacional.
Un municipio al límite
Lo que vive Zona Bananera no es solo una emergencia climática. Es la confluencia de varios golpes sobre una comunidad que ya venía golpeada: familias que perdieron su techo en una sola noche, pequeños productores con sus fincas arrasadas, trabajadores que no saben si tendrán empleo el mes que viene y un gremio que lleva meses pidiendo herramientas que nunca llegaron.
Las autoridades municipales activan protocolos, el gremio toca puertas en Bogotá y las familias de Orihueca y Guacamayal recogen los escombros de lo que fue su hogar. El censo del PMU dirá en los próximos días cuántos son, cuánto perdieron y qué necesitan. Pero en Zona Bananera ya saben que la verdadera magnitud del daño, la que no aparece en ningún informe, es la de una comunidad entera que pide que no la dejen sola.
Hasta el momento, no se reportan víctimas fatales. Es, quizás, el único alivio en medio de una de las noches más difíciles que recuerde este municipio.

